viernes, 4 de julio de 2014
Las cervezas que me debes
De un tiempo a esta parte
sobre todo por las noches
evito preguntarme
sin llegar al resultado
para qué querrá ser gato
si luego nunca araña.
Más de tres años
(de historias y espirales)
sin escribir poesía
y entonces apareces,
para qué pedir permiso,
y robas mis palabras,
secuestras a mis musas
(si es que alguna vez
yo tuve de eso)
haciendo que me vea
obligada al vano intento
de versos cortos, (de besos lentos)
de apetecibles abismos,
que disfruto dos segundos
(y qué preciosa historia
para sólo dos segundos).
Para qué voy a querer
que llegue pronto el verano.
Si aún no has llegado
y ya te estás yendo.
Si enciendes mi frío
haciendo el deshielo,
si en las madrugadas
me apagas el sueño
y atontas
mis miedos
(que no los mata
porque no quiero).
Abandono en la tarea
de buscar
un por qué
a tus manías.
Y que me dices de esa
de esperarme
con sugus de fresa en la estación,
cada domingo.
Si luego por la noche,
con el lunes asomando
entrabas por la ventana,
valiente,
y con tus siete vidas
y el par de alas.
Venías a recordarme
que sólo tú tenías el sabor
de todos los helados.
L.H.M
jueves, 3 de julio de 2014
Ella
La he visto hacer magia en pleno invierno
con un juego de manos esconderme el truco
y los miedos.
La he visto correr por Gran vía
y hacerla pequeña.
Convencerme de que había llegado tarde
al desorden de mis días
cuando ni siquiera la esperaba.
La he visto reírse de los planes
con el corazón latiéndole fuerte en un puño
y un billete de tren en el otro.
Y esperar al revisor para contarle
los porqués de su sonrisa y nuestra historia.
También la he visto llamarme 'vida'
mientras me la da y cuando me la quita.
Llamarme 'vida' y bailar con ella un tango
porque la he visto bailar
después de un concierto y, a mi, el agua,
y bucear en ella respirando
el aire que me quita cuando me quita el aire
(y eso pasa cada vez más a menudo).
Y a mis ganas preguntar '¿bailamos?'
y ella temblando suspirar que si.
La he visto saberse valiente
hablarme de las cicatrices de su cuerpo
de las heridas confundidas con la tinta
de cómo todo se cura con besos.
Que por las noches, cuando apago el mundo
en el instante de antes de abandonarme al sueño
he querido abandonarme a ella
(y ahí también la he visto).
La he visto, y después de todo
me atrevo a confesar que ahora,
ahora ya no sé como mirarla.
martes, 1 de julio de 2014
Avoir besoin de
Recuerdo cuando te dejé durmiendo y salí al mundo, sin darme cuenta que me lo dejaba encima de mi cama.
Me has revuelto la vida casi tanto como las sábanas y te has quedado para ordenarlas, ambas. Te echo de menos y menos mal, y más bien lo que echo de menos es a mi contigo. Nos echo de menos y últimamente estaba tan asustada que no podía escribir de ti. Que yo quiero cuidarte toda la vida, te lo prometo, pero es que no sé en que momento voy a cambiar de vida porque seguro que tenemos más de siete. O eso, o menos de una.
Siempre me han gustado los extremos aunque hagan tanto daño que qué. Pero imagina una montaña rusa sin subidas y bajadas, imagina que no hay malos momentos pero tampoco buenos, que andamos en línea recta sin ningún tipo de piedras, ni recovecos, ni curvas, ni nada.
Imagino la nada siendo la vida y qué aburrimiento.
Hoy es noche de pedir deseos y nunca he sabido callármelos del todo, por eso no te voy a decir 'vuelve'. Me quedan historias que contarte y no pienso agotarlas jamás, que te aseguro que las mías curan.
Quiero cuidarte toda la vida, seguramente todas las vidas voy a querer cuidarte, pase lo que pase y pase quien pase. Quiero cuidarte a corto y largo plazo.
Nunca he creído en las segundas partes y menos aún en las mitades. En realidad es que nunca me ha gustado hablar de esto con números, y aunque me hubiera gustado, no sé. Pero te habría comprado todos los croissants de la sección de dulces, de los de azuquitar por encima. Pretendo llenarte la vida de conguitos blancos y decorar tu casa como si yo habitara en ella. Mi intención es dibujarte la piel cuando me quede sin cuadernos y que no se queje, repetir las tontería de unirte los lunares creyendo que son planetas, hablarles de ti y mirarte de reojo de vez en cuando.
Ojalá nunca falten las miradas cómplices , ojalá mucho tiempo leyéndote entre líneas y tu quejándote de que siempre adivino qué te pasa. Ojalá ser capaces de tachar muchos ojalás de una de mis listas no escritas.
También decirte... Que me gusta tu espalda.
Me gusta tu espalda porque tienes escalofríos tatuados, tu tripa porque está suave, tu pecho cuando se te va a salir el corazón por la boca y tus labios cuando lo niegan, tu cintura cuando grita 'muérdeme'.
Me gusta cuando te dejas arañar. Cuando me callas y me dices 'tu muérdeme todo lo que quieras , pero por dios no hagas ruido'.
¡Pero cómo no hacer ruido!
Me gusta cuando tiemblas. Me encanta cuando Tiemblas. Sobre todo cuando pasa al acercar mi mano a la parte baja de tu ombligo.
Me gusta cuando me dejas dormir en mi lado preferido aún sabiendo que mi lado preferido eres tú. Me gusta cuando dormimos, porque nunca lo hacemos a la primera.
Me gustó que acariciaras la espiral porque me sentí caer dentro en ese momento, caer en ella aunque marea.
Me gusta cuando me tocas el pelo (aunque luego tarde tres días en desenredarlo). Me gusta cuando me dices lo que te gusta.
Vuelvo a repetir que me gusta mucho tu espalda, porque es que me gusta mucho tu espalda.
Y más cuando la araño, que conste.
L.H.M
lunes, 30 de junio de 2014
Negativas
<< En la historia del lugar
y el momento equivocados
nos graduamos a la vez >>
No voy a escribir(te).
No voy a explicarles como a veces
me gustarían tanto tus conversaciones
aunque no las espere,
como la suerte te lleva de la mano
y en tus labios me la creo,
como juegas a volver
aunque nunca hayas estado.
No les hablaré de las personas filtro,
de como por calarte a ti
ahora sirvo de tamiz
limando las asperezas
que cuelgan de tus miedos.
No voy a hablar de tus dudas,
de las preguntas para las que no tengo respuesta
pero sí tiempo y paciencia,
de las quejas que mis manos desprenden
cuando son las tuyas las que las buscan
y no hace frio,
aunque siempre fuiste invierno.
No voy a comentar las despedidas
alegando que siempre fueron mejores
que la ausencia,
si una vez te llamé casualidad
y no llegaste a sospecharlo.
No voy a contar motivos,
ni peros, ni quizás, ni por si a casos.
No pretendo hacer recuento
de las cosas que no voy a escribirte
aunque lo haya hecho.
No voy a escribirte,
porque ya lo hice
durante más noches de las que habló Sabina
y dormí a los gatos de todos los tejados
mientras lamías las heridas,
que tu misma te hacías,
mientras volvías a casa cada mañana
sin habitarme jamás.
No voy a escribirte
porque a tí ya te escribí
una vez
por última vez.
L.H.M
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