viernes, 20 de febrero de 2015

Huída



                                                           Yo aquí he llegado huyendo, o será que estoy de vuelta.

He encontrado una espiral jugueteando al hipnotismo con el tiempo, y mientras yo aquí pidiendo a gritos que no fuera tu nombre el dueño de esos 4:32 minutos de magia jugándome la vida a las incondicionales porque los magos nunca aparecieran.

Habla de arte, y tú celosa de sus ojos, de los míos cuando en algún momento (idiota de mi) pude haberlos buscado. Hablaba de ti y no lo sabe.
Y decía que el arte era sacarse las historias del sombrero y echarlas a volar en treinta y cinco metros cuadrados, pero cuando yo te conocí no le hacían falta esas grandes cristaleras. Te re-conocí, meses más tarde y en el mismo lugar, aunque algo menos libre.
Y es que dime de qué presumes y calla lo que echas en falta. Las alas. Tienes a un ejército siguiéndote los pasos, y aunque les da igual tu nombre, te buscan. Y como no lo saben te llaman.

Estos días no hago más que buscarte en todos los lugares que sé que estás y por eso me duele tanto. Te busco y luego finjo casualidad mientras brindo por los por si acaso, para que no se nos agoten. Y aquí dentro tengo un vacío lleno de ausencia, que lleva una semana de resaca.

Jamás he salido de aquel lugar siendo de día y tampoco sola. Y no sé cuántas gotas fuimos, porque allí siempre nos llovía.

En todas las estaciones y en las de tren



                                                                            Invítame a bailar contigo, que quiero besarte todas las canciones.

Hoy estoy jugando a no callarme los piropos  y voy sin comodines. Llevo un par de ases debajo de la blusa, por si me la quitas, por si apareces y me sobran todos los trucos y se me derraman todas las estrellas del bolsillo. Pero creo que hace tiempo que acabamos la función y de un momento a otro voy a reinventar todos los perros.

Llevo a mi lado a personas que no le tienen miedo al contacto físico y menos mal, o que le tienen miedo y al principio se retiran y después se sienten casa. Me gusta la gente que confía en el contacto físico.

Hay certezas que debemos callar, decir en el momento en el que no sean detonadoras de más suicidios emocionales, por mucho que nos gusten. De vez en cuando se me olvida que, aunque sean voluntarios, siguen siendo suicidios y duelen igual. Me sigues doliendo de vez en cuando y aprieta.

No quiero que acabe este abrazo, no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.

jueves, 19 de febrero de 2015

Toda la culpa es del café, que me recuerda a tu sabor



Si no era amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso.

Pensaba que se había acabado y hoy ha vuelto a recordarme que los finales felices no existen, que jamás estaré a su altura por mucho que me baje el listón, que estoy hecha de segundas oportunidades puestas en fila y desaprovechadas una a una.

Puedo defenderme de toda acusación, llevo años entrenando para eso, pero todavía sigo indefensa ante los silencios que me gritas con los ojos llenos de nada. Qué bien sabes apuntar al blanco, tirar donde duele, hundir la flota entera con uno solo de tus "no me pasa nada". Me van a hacer falta un par de domingos de sutura para acabar con la indiferencia que me he ganado a pulso.

Demasiada poca cafeína para todo este insomnio, demasiadas pesadillas acumuladas y demasiados despertadores mal apagados como para volver a llamarte casa tan pronto. Faltan horas de conversaciones en el desayuno o en la merienda y ahora solo me ha quedado ese regusto amargo de los cafés que nos sentaban bien y que, casi, había olvidado.

Solo quería seguir como hasta ahora, mantener el equilibrio, mantenerme estable, mantenernos. Pero llevo las decepciones tatuadas en la piel y cuando empiezan a doler es porque se avecina tormenta.


L.H.M

Ven

                   
                                                                        Dile a tu cuello que deje de gritarme 'muerde'.

Llevo una semana con  kilómetros de más y 'buenos días' de menos, y te juro que no han faltado los de las bases. Llevo una semana en el intento y tuve que abandonar al tercer día sin poder contarte que no hay ninguna altura a la que tengas que estar, sino a mi lado.
Olvídate, que ya tendremos tiempo de saltar.

Te llevo el mar en una caracola, con su espiral. Te llevo el sonido del mar y una casa tan pequeña que puedes llevar a todas partes y a la vez tan grande que quepamos tu y yo en estos días de invierno que pienso hacer florecer. Te llevo de vuelta porque te he traído al norte en todos mis pasos y en todas mis letras y en todas mis noches y mis días y amaneceres desde la ventana de la cocina, y tu sin saberlo. Debe de haber sal dentro de esa mirada que me cura tanto.

Te he leído y ojalá hablaras de mi. Y ojalá me quede tiempo para contradecirte y contarte bajito al oído el lado bueno de los miedos mientras soy yo la que te acaricia el pelo antes de dormir, no ellos.

Ojalá nos queden ojalás porque todas estas letras que ahora no puedo decirte serán un buen regalo y me niego a escribir 'serían' porque no se si será la esperanza lo último que se pierde, pero a mi a suicida no me gana nadie.

Te buscan todas las partes de mi cuerpo magullado de los caminos que llevaban a un destino que nada tenía que ver con el que estoy buscando. Te buscan todas las partes, las rotas y las que no.

Y por favor, deja de ponerme la miel en los labios porque puedo querer probar.



L.H.M

miércoles, 18 de febrero de 2015

Imagíname valiente

         

                                      Escribimos porque somos mas valientes de lo que estamos dispuestos a admitir.

Están bombardeando mi ciudad. Han mandado un telegrama urgente que jamás recibiré porque lo llevas escrito en los lunares de tu espalda. Me ha estallado en la cara una de las bombas que plantamos con rabia y sin querer queriendo en nuestro campo minado de palabras nunca dichas.

Hemos abierto fuego sin sobreaviso y, sin que hayan quedado heridos ni cenizas, cuento las víctimas a pares.

Todos querían ganar esta batalla y ser los más fuertes y los más listos y los que más han querido; pero una guerra nunca tiene vencedores ni aun dándose por vencidos. La guerra es algo que no se gana. Jamás.

Y te despiertas, sintiéndote impar, con un hilo de vida que ya no es rojo ni sostiene a nadie, con un tiritar absurdo que no abriga el invierno, con unas lágrimas que alguien recogió y ahora te sirven como suero y alimento. Y abres los ojos porque ya no tienes venda que los cubra ni que los nuble, y te abres el pecho porque sabes que no quedan donantes dispuestos a arreglarte la ausencia.
A arreglarte la existencia.

Como cuando disparan, y no hay balas, y ni por esas te salvas. Porque por muy hundidas que creamos estar siempre aparecen boyas nuevas que nos sacan a flote, aun sin darnos cuenta, y nos vuelven a descubrir que se puede querer otra vez.


L.H.M