viernes, 22 de agosto de 2014
Apuntes sobre.
La parte positiva de compartir tantos días con alguien es que acumulas tantos momentos que es prácticamente imposible quedarte sin historias que contar, y eso siempre es bueno. La parte negativa es eso mismo, la certeza de que siempre quedará algo en el tintero, que habrá algún detalle que murió justo en el momento en que ocurrió. Y sé que en algún momento tendré que sentarme y escribir-lo todo, pero no ahora. Sé que debo una historia, que me debo una historia, que necesito ponerlo todo por escrito para volver a mediosentirlo y convencerme de que ha pasado de verdad. Y quizá esté preparada en dos días, en una semana o en dos meses, ni idea, pero no ahora.
Siempre pasa igual, y este es uno de los 'siempres' que jamás me ha fallado. Es curioso como la memoria, además de ser selectiva, congela momentos pero no sentimientos.
Es decir, recordamos cómo nos dolió pero al recordarlo no nos vuelve a doler, al menos no íntegro, no del todo. Y menos mal que es así porque sino sería imposible, imagínate, te abres la cabeza (el corazón en su defecto) y al tiempo se cura (lo prometo), y al tiempo te acuerdas de cómo te dolía y te vuelve ese dolor y esa cabeza abierta y otra vez al principio, menuda imposibilidad.
Menuda imbecilidad. Pero el precio que debemos pagar es alto y no sé hasta que punto rentable: Para que eso no ocurra, alguien decidió al diseñarnos que ningún sentimiento aparecería de nuevo al recordarlo. Ninguno. Por eso no nos vuelve la felicidad al recordar cómo fuimos felices. Es más, lo que nos envuelve es cierta nostalgia, hay que joderse. Y bueno, 'por lo menos salen canciones'.
El domingo acaba de abofetearme, y ojalá hubiera sido como un jarro de agua fría porque ahí fuera rondan los treinta grados, pero ni por esas me salvo. He visto cerrar la puerta del tren y me ha faltado un 'ven' para colarme de un salto.
Teníamos setenta minutos para inventar una excusa, otra. Pero en lugar de eso he andado a la vez que avanzaba mientras te veía 'acomodarte' y me habría echado a correr de haber servido para algo. Ni el jefe de estación se ha atrevido a mirarme a los ojos. Te juro que lo he visto agachar la cabeza, como pidiendo perdón por retirar la maldita bandera roja que ha puesto al tren en marcha, alegando que 'es su trabajo' y demás excusas baratas. Desde cuando retirar el rojo sirve para hacer que las cosas avancen y no para detenerlas, y ya no hablo del tren, dime. Desde ti, supongo. Como todo.
He vuelto a casa, y es menos casa porque te has ido, y esto es un desastre.
Deja ya la broma y vuelve.
Por favor.
L.H.M
jueves, 21 de agosto de 2014
Te tuve al lado
'Regalices rojos
para corazones fríos'
algo así era.
Pero es que ya no tengo
congelado el corazón.
Te tuve al lado
o eso me han dicho
el ángulo desde el que las fotos
fueron congeladas.
Eso dijo aquel que dijo aquello
de que los zapatos reflejan nuestra alma
o algo así
y ella sólo tenia
unas zapatillas rotas.
Y podrá sonar egoísta
pero no quiero prestarle las mías
que he recorrido mucho
que he saltado mucho, que me he frenado mucho.
Que mis zapatos huelen
un poco a cerrado
todavía,
zapatos que incluso a veces
siento que me vienen grandes
estando hechos a medida.
Te tuve al lado
y quizá no supe verte
y no supe ver cómo te dejabas la piel
y el aliento
en capturar y dejar quieta
a la poesía en unos labios.
Y no supe oír como cada click
era un rugido siendo libre
como el primer llanto de un bebé
al salir a mundo abierto,
como los bostezos de por las mañanas
cuando estiraba los brazos
y, siempre despeinada,
me llamaba leona, fiera, salvaje, amor.
Como las victorias
o las derrotas cuando saben a victoria
me da lo mismo.
Decía,
que te tuve al lado
y no te vi.
Perdona
pero es que no fui sola,
desde hace un mes o dos nunca voy sola.
Pero es que aquella tarde
(aquella y muchas otras)
no pude
apartar la vista
de mi izquierda.
L.H.M
Más que todo lo que puedas respirar
¿Quiéres que te lea?
Ironía es que diga que se le ha olvidado saber escribir cuando sus frases tienen esos trazos de nosequé que queseyó y es capaz de hacer suya cada palabra y cada sílaba y creer y crear al mismo tiempo.
Todavía no he entendido para qué quiere hacer eterno un mapamundi en su costado, si el mejor mapa es su piel y de pocas cosas he estado nunca tan segura.
Y recorrerla tiene que ser un puto vicio, jodida mujer fatal, y yo me conformo con una siesta a su lado enredada en uno de sus abrazos infinitos. Y perderme en su pelo que seguro que huele a vida y luego llevarla de la mano hasta su esquina, y girarnos y ver vacías las putas escaleras y susurrarle al oído que no pasa nada, que los miedos ya no son más que fantasmas, que el único reencuentro va a ser el nuestro y eso volverá a salvarte la existencia. Sí, ya lo verás.
Ya leí una vez que a las personas que más quieres hay que dejar que las quieran, y eso hago, os lo juro que eso hago pero no sabéis qué envidia. Que un día de estos me planto en su puerta con una rosa y un libro debajo del brazo, con dedicatoria, claro, y no le pido matrimonio porque a día de hoy no me veo pasando por el altar y bueno, porque a mi las mujeres sólo me gustan como musas y ese "sólo" es enorme y no hace falta nada más. Que un día de estos me trago los miedos y la dejo hacer finitos los abrazos, y habrá que ver qué ocurre cuando me gire entre la gente y esté, y sea.
No podía ser de otra forma si leer sobre ella es leer en cierto modo sobre mí y al contrario, y no os cuento las casualidades porque llegan a dar miedo y no sabríais entenderlas. Y porque joder, son nuestras. Suyas y mías. No me habléis de conquistas si no la habéis visto paseando a orillas del Guadalquivir, que yo tampoco la he visto pero me juego la mitad de mi tiempo a que la torre del Oro se le queda pequeña, y seguro que no sabéis mirarla. Porque será de otros , será una parte de Azul, será las huellas del albero de la feria de mayo, será luz de los fuegos artificiales y un poco el sonido de las campanas de la giralda. Será de otros y un poquito mía pero a la vez de nadie pues ya deberíais saber de memoria eso de que las cuerdas atan. Mírala, que sonrisa más grande y preciosa, eso sí que es magia. Dejadla en su nube que ya no tiene vértigo, dejadla que se duerma a las tantas y que no quiera cerrar los ojos hasta que el sueño le bese suave los párpados, que ya tiene un héroe que la arrope y la lleve a la cama en brazos, siempre lo tuvo (que no se te olvide) y que vuele, que vuele alto y se sienta pequeña que ya estoy yo para convencerla de lo grande que es. Y al que se atreva a cortarle las alas le corto los huevos. Así, sin más.
No sé muy bien cuando llegó, y mucho menos el por qué, pero la niña me ha ido ganando poco a poco. Su voz, sus historias de héroe , de Azul, de momentos en los que fuimos infinitas (cada una por su lado, no más que ahora, sí diferente), pero yo ya se lo dije el otro día, que ha llegado en el mejor momento. Que no se vaya, por dios que no se vaya y que hago yo pidiendo a algo en lo que no creo, pero por no creer tampoco creíamos que alguien fuera a salvarnos y míranos, mírala.
Que pienso recordarte toda la vida si es necesario la historia de cómo El chico del traje hizo la inmensidad de azul un poco mas grande en sus labios y luego te regaló una sonrisa, entera para ti. Te lo voy a recordar aunque se apaguen las luces y la fiesta se acabe. Te lo voy a recordar por siempre, hasta que se borre la tinta de nuestra piel y, aún así, sigan latiendo las casualidades.
L.H.M
Suscribirse a:
Entradas (Atom)