miércoles, 18 de junio de 2014
Tormenta
No tengo nada de cielo, cielo.
Ni el azul ni el infinito.
Quizás ese vaivén
y el poco de gris
que tanto parece gustarte.
He dejado de llover,
yo que soy tormenta.
También he bajado la guardia
y ahora tengo que encontrarla
por la noche en la farmacia.
Pongame algo que no amargue
y que sea soluble en agua,
para esta alergia tan fea
que gasto a ciertos felinos,
y una caja de paciencia
de quinientos miligramos,
las de trece comprimidos.
Pienso ganarme
cada noche contigo
el título de quitasueños.
Qué lejos veo tu cama
que cerca he estado
de dormir en ella esta noche.
O no dormir.
Que más dá.
Que se yo.
L.H.M
Noites
<< El miedo arropa pero no quita el frío >>
Estoy a un "te lo dije" de abandonar,
quizás dos, y de frentes diferentes.
No suelo abrirme a las personas
porque solo hay dos maneras:
Hablarlo, que implica pronunciarlo en voz alta
y me exploten los oídos .
O escribirlo
que es una batalla a folio abierto
en la que las palabras son más mortales que las balas.
Prefiero abrirme en
y curar las heridas desde dentro
lamerlas despacito
como los gatos.
Abrirme la cabeza antes que el corazón .
Dormimos por las noches
para evitar el miedo que nos dan.
Crecer no es más que cambiar de sitio
los monstruos que nos daban miedo:
antes bajo la cama
y ahora fuera de ella.
Porque 'tapada hasta la cabeza'
es el segundo lugar del mundo
que más veces ha salvado.
El primero son los brazos de mamá
como cuando de pequeñas
jugando al pilla-pilla,
era siempre Casa.
martes, 17 de junio de 2014
Carta a todas mis catástrofes
<< Yo creo que hay veces en las que es necesario decir que no y que sea que no. Veces en las que es necesario parar y saber hacerlo, y yo no he sabido.
Todo el mundo sabe tomar decisiones, yo tambien, y quien diga que es complicado es que no tiene ni idea. Tomar decisiones es facil, es insultantemente sencillo. Lo difícil es tomar la decisión correcta, sea en la oportunidad que sez , y yo eso nunca he sabido hacerlo. De niña es fácil, el riesgo de fallo es más bajo y el alcance de error prácticamente ridículo. Si no deciden por ti, te llevan de la mano, y así quien no.
¿Cuántas veces evitaría el tropiezo por llevarlos agarrados de mi mano? ¿Cuántas veces literal y cuántas no? Más bien al contrario, pero me habéis entendido. Eran ellos quienes me llevaban a mi y yo la que se soltó.
Que más da ahora el cuando, el por qué o el para qué.
Como decía, nunca llegué a tomar la decisión correcta y he cometido tantos errores que se me han agotado las oportunidades que tenía para aprender de ellos.
A veces me han preguntado en qué creía y solía hacer la misma broma: no creo en mi, como para creer en alguien. Y a estas alturas del cuento de poco me sirve el victimismo así que, por qué no, vamos a ser valientes por una vez. Nunca he creído en mi y no me daba cuenta. Si alguna vez lo hice, o bien era mentira, o ahora no me acuerdo. El "problema" es que muchos otros sí lo hicieron y creo que me alimenté de eso, y menos mal. Me daba igual defraudarme a mi misma pero no soportaba saber que les estaba doliendo, y aún así, ni en cien vidas sabría el daño que les hice, que les hago.
No sé que me hubiera gustado ser, no sé. Nunca me vi en esos "como te ves dentro de veinte años" porque supongo que a todos nos queda un poco lejos, pero desde hace un tiempo no me veo y es que ya no sé mirarme.
Tenía en la cabeza una idea para este verano. Quería hablar de las personas que son y alguna vez fueron Casa, pero me vengo dando cuenta que eso es algo que me viene grande. No es que crea que no sería capaz de hablar de ellos (de vosotros) porque ya lo hice una vez y me gustó el resultado. El problema es que para qué. Escribir no va a darme ni aire ni techo ni dinero y de la felicidad no se puede vivir, por muchos que os mientan las utopías que intentan vendernos.
Me dejo mil cosas por hacer, pero las ganas y las fuerzas se han agotado todas. Me dejo mil besos y millón y medio de te quieros. Me dejo a personas que no se merecen esto y que no merezco. Me dejo.
Decía Bukowski "encuentra lo que amas y deja que te mate". Pero lo hacía y a mi no me queda aire. No quiero volver porque odio ese verbo: "Lo malo no debería volver y lo bueno no debería haberse ido" escribí una vez, y así pasa. No quiero volver a una ciudad que no es la mia, a una casa que no es casa. No quiero volver y me siento infinitamente cobarde a la vez que enfadada. Porque sé que algo falló y yo misma pude haberlo arreglado fácilmente, pero sigo sin saber qué ni cómo.
Que no hay nada más seguro que los brazos de papá y mamá, como cuando de pequeñas jugábamos al pilla-pilla y ellos eran siempre casa. Ojala no haber salido jamás de ahí. Ojalá. >>. L.H.M
Todo el mundo sabe tomar decisiones, yo tambien, y quien diga que es complicado es que no tiene ni idea. Tomar decisiones es facil, es insultantemente sencillo. Lo difícil es tomar la decisión correcta, sea en la oportunidad que sez , y yo eso nunca he sabido hacerlo. De niña es fácil, el riesgo de fallo es más bajo y el alcance de error prácticamente ridículo. Si no deciden por ti, te llevan de la mano, y así quien no.
¿Cuántas veces evitaría el tropiezo por llevarlos agarrados de mi mano? ¿Cuántas veces literal y cuántas no? Más bien al contrario, pero me habéis entendido. Eran ellos quienes me llevaban a mi y yo la que se soltó.
Que más da ahora el cuando, el por qué o el para qué.
Como decía, nunca llegué a tomar la decisión correcta y he cometido tantos errores que se me han agotado las oportunidades que tenía para aprender de ellos.
A veces me han preguntado en qué creía y solía hacer la misma broma: no creo en mi, como para creer en alguien. Y a estas alturas del cuento de poco me sirve el victimismo así que, por qué no, vamos a ser valientes por una vez. Nunca he creído en mi y no me daba cuenta. Si alguna vez lo hice, o bien era mentira, o ahora no me acuerdo. El "problema" es que muchos otros sí lo hicieron y creo que me alimenté de eso, y menos mal. Me daba igual defraudarme a mi misma pero no soportaba saber que les estaba doliendo, y aún así, ni en cien vidas sabría el daño que les hice, que les hago.
No sé que me hubiera gustado ser, no sé. Nunca me vi en esos "como te ves dentro de veinte años" porque supongo que a todos nos queda un poco lejos, pero desde hace un tiempo no me veo y es que ya no sé mirarme.
Tenía en la cabeza una idea para este verano. Quería hablar de las personas que son y alguna vez fueron Casa, pero me vengo dando cuenta que eso es algo que me viene grande. No es que crea que no sería capaz de hablar de ellos (de vosotros) porque ya lo hice una vez y me gustó el resultado. El problema es que para qué. Escribir no va a darme ni aire ni techo ni dinero y de la felicidad no se puede vivir, por muchos que os mientan las utopías que intentan vendernos.
Me dejo mil cosas por hacer, pero las ganas y las fuerzas se han agotado todas. Me dejo mil besos y millón y medio de te quieros. Me dejo a personas que no se merecen esto y que no merezco. Me dejo.
Decía Bukowski "encuentra lo que amas y deja que te mate". Pero lo hacía y a mi no me queda aire. No quiero volver porque odio ese verbo: "Lo malo no debería volver y lo bueno no debería haberse ido" escribí una vez, y así pasa. No quiero volver a una ciudad que no es la mia, a una casa que no es casa. No quiero volver y me siento infinitamente cobarde a la vez que enfadada. Porque sé que algo falló y yo misma pude haberlo arreglado fácilmente, pero sigo sin saber qué ni cómo.
Que no hay nada más seguro que los brazos de papá y mamá, como cuando de pequeñas jugábamos al pilla-pilla y ellos eran siempre casa. Ojala no haber salido jamás de ahí. Ojalá. >>. L.H.M
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