sábado, 27 de septiembre de 2014

Que bien me sientas


No te imaginas cuanto me aburren los domingos sin contar los lunares en tu espalda. Me he comprado un mapa astral y ni con esas;
parece mentira que incluso a oscuras pudieses tener tanta luz -o yo tantas ganas de convertirte en luciérnaga aunque no fuese así.
Ya sabes que me asusta la oscuridad y me encantan las excusas. Como pedirte en voz baja después de hacerme la dura que te quedes diez minutos más, y tu cara en el espejo a las seis de la mañana, con los ojos a medio a abrir y la sonrisa ya puesta. Que bien te sienta que te quiera a ratos. Y a mí que me desordenes la vida.

Me pido para siempre matarte de hambre en los desayunos a besos, y el ser la envidia del mundo por recibir todos los tuyos. A eso siempre te dejaré que ganes, porque no soy lo suficientemente cabezota como para negarme a ello. Te prometo que para mantenerlo trataré cada segundo de forma especial. Gritar más en silencio y hablar más con los ojos aunque tu no lo entiendas, pero seas capaz de sentirlo y a mi con eso me valga -porque sé que descifrar esos geroglíficos es la excusa perfecta para que te quedes un día más. Escribir poesías sobre el compás al que se mueve tu pecho y bailar un vals con cada aliento. Y no contártelo nunca, pero decirte mientras duermes que eres la historia más bonita que podría haber escrito con los pies. Y que tú al saberlo sonrías. Que bien te sienta (que te quiera a ratos). Y a mí que me desordenes la vida.

Que me valgas todos los días incluso ganando peso y que la única costura que tenga valor de destrozarse sea la de la comisura de nuestros labios de tanto reírnos. En el fondo es buena idea, yo sé remendarlas a besos. Tenerte para siempre como comodín en los días malos, reordenar los puntos cardinales de tu cuerpo para no perder jamás el norte y que tú midas centímetro a centímetro mis piernas cada vez que creo no estar a la altura.

Al final me he colgado yo, pero creo que esta vez hablaba de lazos y no de sogas.



L.H.M

Entre líneas



Sería por tu manera de callarte, o de decirlo todo y a la vez no decir nada en absoluto. Tú.
Tus puntos suspensivos y la sinalefa entre ellos, acompañada por esa sonrisa de cada vez que te quedabas callada y a mí me hacía sentir tan cómoda.
Me recreabas aquella escena de Pulp Fiction en que Uma Thurman le decía a Travolta aquello de "sabes que has encontrado a alguien especial cuando puedes estar callado durante un puto minuto y compartir el silencio". Y lo había encontrado. Te había encontrado y eso solo podía significar que yo empezaría a escribir para que no se ahogasen tus aullidos en la nada, o que mi nada se llenaría de todos los gritos que ignoraba por pura verborrea.

Eso también me gustaba de ti. Tu sutileza. Tu manera de entenderme sin ni siquiera abrir la boca y la capacidad de calmar mi manía de tenerla siempre abierta. Tu manera de enseñarme a soñar sin bostezos y resolver todas las ecuaciones con letras porque los números no se nos dan bien a ninguna de las dos.
Siempre llego tarde, o se me olvida la medida exacta de la distancia prudencial. Los únicos cuartos que controlo son en los que te he tenido en la cama y no se oír hablar de fracciones. Me sobran los segundos de cualquier hora, y los primeros también  si en algún lugar vas a estar tú.

Tú. Tus puntos suspensivos y todas las historias que se han escrito sobre ellos.
Aunque se ensucien con palabras.

...

Los míos hoy quieren que te quedes conmigo.
Y creo recordar que el factor de la orden
siempre altera el producto.



L.H.M

viernes, 26 de septiembre de 2014

Batalla


                                                                                                          Haciendo caso a mis raíces:
                                                                                                                             yo no me enfado,
                                                                                                                                            pero illo,
                                                                                                                                    me da coraje.



Se llama hipocresía pero lleva todos vuestros nombres, y os hacéis llamar valientes mientras ondeáis banderas que yo ya no quiero conocer.
Para mi, ser valiente es otra cosa.

He oído gritos repletos de quejas sobre actitudes que son las vuestras, protestas sobre principios que son los vuestros, críticas sobre actitudes que son las que luego os representan. He girado la vista y os he visto borrachos en cualquier esquina, borrachos y drogados para poder hacer frente a este mundo que se desmorona cada vez más y más rápido. Estáis dormidos y eso también es huir, aunque de la forma más rastrera y ruin, callandito, sin hacer mucho ruido, no vayan a despertarse los miedos y tengamos que volver a las pastillas de antes de dormir.

Tenéis las salas de psiquiatría abarrotadas, tenemos, y las tardes de café abandonadas y nos cobran horas de conversaciones que no gastamos. Tenéis el cajón de medicinas a rebosar pero ya no salís a sacar la sonrisa de paseo, con lo bien que le sienta el aire fresco en la cara, con lo bonita que se pone cuando el sol aprieta. Tenéis los cuadernos vacíos y llenas las redes "sociales", y sentarse frente al folio en blanco en noches como esta es de las batallas más jodidas aunque no lo receten en la farmacia.

Que ser capaz no es más que saberse atrevido y sentirse un poco héroe en el camino, que no depende del por qué sino del cómo, que no me importa el resultado sino el mientras, que ya no creo en los finales.

Escribe y te veré valiente, serás lo que quieras ser, pero, por favor, por - favor, no te sabotees.


L.H.M
                                      

Des - amor 2.0


Hoy he decidido olvidarte.

Por una vez no me refiero a pasar página, a intentar que dejes de doler o a que pases, en un futuro, a mi lista de amigos. Esta vez he decidido olvidarte del todo.

Estás bloqueado en whatsapp y he borrado tu número. Tiré la nota de aquella tarde en la que estaba escrito y creo que nunca llegué a aprenderlo de memoria, menos mal. Eliminé los mensajes y las conversaciones. También te he eliminado de facebook, borrado todas las fotos en que aparecíamos juntos, cambiado el 'tengo una relación' por 'es complicado'. Igual lo cierro por un tiempo. En tuenti creo que no te llegué a agregar, ¿no? Te he dejado de seguir en twitter, en las dos cuentas. He cancelado la suscripción de tu blog  y de la página aquella en las que hablabas de tus grupos, tampoco quiero leerte. Ya no te tengo en favoritos ni me llegan correos cada vez que publicas. Le he pedido a alguien que guarde las cartas que en escribiste, ya ves, no quiero saber tu dirección aunque me sepa los pasos que hay de mi casa a la tuya.

Seguramente te encuentre en alguna parte, de casualidad, pero yo lo he intentado.
Te he borrado de todos los sitios porque he decidido olvidarte.
Ya puedo empezar con tu recuerdo.


L.H.M

jueves, 25 de septiembre de 2014

Sabes las condiciones, no hay letra pequeña.


                                                                                                                         Fabricar la rutina
                                                                                                                         no es cosa sencilla,
                                                                                                                             después de todo.

Se me ha agarrado el verano al pecho y me está anidando un vacío que aprieta más que cualquier soga al cuello. He dejado de mirar las estrellas y eso es algo que no soy capaz de perdonarte, he dejado de pedir deseos porque estás en todos y mi subconsciente te extraña aún más que yo. Incluso he llegado a agradecer las pesadillas.

Ayer me preguntó si las clases de relajación me están ayudando a dormir, y tenías que haberla visto. No sé en que momento aprendí a mentir a esos ojos pero cómo iba a contarle esta historia, cómo.
Así que me limité a sonreír tímidamente mientras volvía al espejo revisando que mis ojeras estuvieran bien cubiertas con los días que me quedan. Y sigo sin encontrar un lugar seguro en el que pasar mis noches, que era, en un resumen algo burdo, de lo que se trataba.

Ahora que no estás odio no haber escrito cuando no dolía, y me echo a temblar ante la posibilidad de que se agoten los recuerdos de los que alimentarme.



L.H.M

Cuando la recompensa es un salto al vacío.


                                                                                                                                Namórate


Ven que te enseño el norte, que hay lugares que llevan tu nombre y jamás has visitado, que hay lugares tan escondidos que hacen creer a cualquiera la ley de la exclusividad, que hay otros tan a la vista que nadie se para a mirarlos, y el cielo se echa a llorar. Yo ya estuve una vez no muy lejos, de pequeña, y después de haber visto amanecer desde la mesa del desayuno me ha quedado claro que estaré de nuevo, pronto.

Tengo que enseñarte las calles que no conozco, las aceras, las catedrales, las rías... Tengo que enseñarte las cosas que no sé y probablemente olvide para repetir cada vez que nos pongamos a ver miles de fotos, y que nos dejemos enseñar, pero de la mano. Necesito que me lleves de la mano porque me da miedo no perderme y tener que volver antes de tiempo, y que me aprietes tan fuerte que seamos capaces de retenerlo.

Tenemos que habitar esta casa, o cualquier otra. Apuesto a que los soleados ventanucos están llenos de historias, y podríamos hacerlas nuestras o pedirlas prestadas o que nos vean ser felices y se lo cuenten a los próximos visitantes. Podemos habitarnos y demostrarnos una vez más que cualquier lugar es casa si eres tú, y la puerta me da igual abierta o cerrada.

Ven que te enseñe el norte. A ti, que haces que lo pierda.



L.H.M

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Espiral


                                                                                                              Dejaré la puerta abierta.

He puesto una docena de rosas en un jarrón con agua y ha sido lo más bonito que he hecho por mí en días. Después he cocinado para mí, ya sabes, algo que se haga al horno, nunca precocinados, y he contado en el calendario los días que provocan que esta cuenta atrás aún no esté en el cero. Necesito fabricar una nueva rutina, otra más.

He vuelto a pasar por la entrada porque era el camino que lleva a mi cuarto, y sigue abierta. Ya no te espero, lo prometo, no te espero porque me lo han prohibido. Porque no será esta la vez que menos me quiera, porque hay monstruos mucho más fuertes que tu recuerdo y supongo que llegados a este punto es una suerte que alguna vez estuvieran ahí.

Esta mañana me acordé de tu ombligo como solía ser, como el precipicio al que me habría lanzado una y otra vez durante el resto de mi vida; y entonces te he imaginado observándolo, creyendo que el mundo gira porque tienes el centro de gravedad justo ahí, y a la mierda el romanticismo.



L.H.M