miércoles, 18 de junio de 2014
Tormenta
No tengo nada de cielo, cielo.
Ni el azul ni el infinito.
Quizás ese vaivén
y el poco de gris
que tanto parece gustarte.
He dejado de llover,
yo que soy tormenta.
También he bajado la guardia
y ahora tengo que encontrarla
por la noche en la farmacia.
Pongame algo que no amargue
y que sea soluble en agua,
para esta alergia tan fea
que gasto a ciertos felinos,
y una caja de paciencia
de quinientos miligramos,
las de trece comprimidos.
Pienso ganarme
cada noche contigo
el título de quitasueños.
Qué lejos veo tu cama
que cerca he estado
de dormir en ella esta noche.
O no dormir.
Que más dá.
Que se yo.
L.H.M
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