martes, 26 de agosto de 2014
Lo que está en juego es el futuro.
Nunca hablo de política, porque no sé.
Independientemente de mis ideas, que más de una vez he dejado más que claras, está el hecho de que hoy, mientras hacía la comida en casa, he escuchado a cierto individuo afirmar nosequécosa sobre realizar un debate con una mujer, y han tenido que repetirlo un par de veces para que me diera cuenta de que iba en serio.
Desde hace tiempo vengo pensando eso de que ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos, y seguramente al hombrecillo este le haya caído una buena al llegar a casa. De hecho, sus declaraciones le han venido de perlas a la oposición pero supongo que, en cierto modo (y ojalá fuera todo metáfora) en este juego gana quien hace más trampas. Que hay quien ha podido sentirse ofendido ante tales palabras y de verdad que no voy a pronunciarme porque no pretendo crear polémica, pero sí quería decir que a mi lo que me ha producido es, más que todo, tristeza.
Tristeza por el personaje en cuestión, por su forma de pensar, por el silencio de sus compañeros y por todo lo que se habla ahora sobre él. Tristeza porque se me ha esfumado en un segundo la ilusión que yo tenía en rellenar un sobre el próximo día veinticinco: no quiero que alguien así me represente, porque os aseguro que no lo hace. Me ha entristecido recordar que seguimos siendo ratones gobernados por gatos gordos, ya sean blancos o negros, que somos mayoría pero estamos en minoría, que sigo teniendo pesadillas todas las noches y todavía no he visto a ninguno de ellos con ojeras... Como iba diciendo, he sentido tristeza. Tristeza por todas las mujeres a las que les ha debido de doler tales palabras, y no me refiero a molestar o incomodar, sino doler. Mujeres que, después de aquel día, han agachado un poco más la cabeza y han silenciado un poco más su sollozo. Mujeres que de verdad se sienten inferiores porque 'si lo ha dicho este hombre, que es importante, será cierto'. De verdad que dudo mucho que se hayan parado a pensar en la repercusión que pueden tener una docena de palabras mal colocadas, saliendo de la boca de alguien que afirma que 'lo que está en juego es el futuro' y que, en cierto modo, no miente:
el futuro,
nuestro futuro,
el nuestro,
para ellos,
no es más que un juego.
Me ha producido tristeza, de la de dar pena y nunca me ha gustado que algo me de pena porque no me creo lo suficientemente importante como para que nadie merezca mi compasión. Pero hoy me has dolido, España.
Y, ya por último, a todos esos que puedan pensar cosas como que para qué publico esto si los de arriba no van a leerlo, que escribir no sirve para nada o que lo que debería hacer es salir a la calle y que nos escuchen o cosas así, no pretendo quitarles la razón. Pero mi madre me ha dicho siempre que lo que uno piense hay que soltarlo, que sino produce úlceras de estómago. Y que estamos de acuerdo en que quejarse no resuelve el problema pero yo, después de escribir esto, ya respiro (algo más) tranquila.
Posdata: Y ahora, quién quiera, que abra debate conmigo, que yo soy mujer.
L.H.M
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario