domingo, 24 de agosto de 2014

Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta



Dice la Real Academia de la lengua que una casualidad es una combinación de circunstancias que no se pueden preveer ni evitar y en mi opinión a esa descripción le falta un adjetivo que denote (y detone) alguna que otra dosis de vibraciones positivas. No hace mucho escribí algo así como que las casualidades feas nunca son casualidades y por ahora me quedo con eso. Y ya sé que por el hecho de que no me guste no deja de ser algo relacionado con el azar, que no puedo cambiar el nombre de las cosas como a mi se me antoje y que sean como sean esas casualidades van a seguir escapando a nuestro control. Ya sé todo eso, de verdad que me lo sé, pero para mi, 'casualidad', siempre va a ser algo bueno.

Puede que la sopa tarde un poco más de lo previsto en calentarse y el té tarde en enfriarse demasiado, puede que al salir de casa tenga que volverme porque olvidé coger el paraguas (y regaliz rojo, siempre llevo regaliz), puede que los semáforos cambien de color justo cuando iba a cruzar la calle. Puede que para ti sea tarde y para mi aún sea demasiado temprano, no sé. Todo es un poco más complejo. Me encantó la frase que leí, la cual decía que por muy corto que sea el camino, quien pisa fuerte deja huella, pero tengo miedo a clavar el tacón y volver a asomarme al precipicio.
Miedo a que me confundan, a confudirme, a ser usada, a que me usen...
Que como dice Marwan, ya he probado las prisas, el sexo exprés, la abolición de los preliminares, los ombligos pasajeros, los cuerpos fugaces, las bodas en las vegas y las cremalleras atropelladas. Y por culpa de todo eso dejé de ser yo para convertirme en una cobarde que sólo piensa en dar un paso atrás evitando así que me rompan de nuevo en mil pedazos.

Ya hablaba mi espiral de un cúmulo de casualidades. Pero aún así me sigue pareciendo extraño cada vez que ocurre y no quiero jamás acabar de acostumbrarme. Y es preciso y precioso porque me hacen sentir pequeñita y segura a la vez, y te das cuenta de lo enorme que es el mundo y de cómo el universo es tan jodidamente *inserte aquí el adjetivo que esté a la altura* y de lo grandes que son algunas personas. Porque os juro que aún quedan grandes personas (aunque yo no sepa diferenciarlas bien hasta ahora).
Que con el tiempo y la experiencia entiendes que la belleza, es eso, eso que el tiempo no sabe degradar cuando pasan los años. El mirar más allá y saber ver lo que vale alguien más allá de un físico.

Así que a mi no me vengáis con que no creéis en nada que no sea tangible .
Llamadlo Dios o no llamadlo, pero que nadie se atreva a decirme que no cree en las casualidades porque hay personas que solo las concibo como tales. Y qué miedo que tú seas una de ellas.


*Esta es una de las pocas entradas que no escribo como un cuento. Que lleva algo de mí y de mis arañazos, como heridas de guerra.
Dicen que escribir ayuda a dejar atrás la barrera que nos impide avanzar, y aquí estoy yo intentando que sea cierto eso que dicen...



L.H.M

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