jueves, 14 de agosto de 2014

Rawr


Se ha asomado esta mañana a mi piel.
El sol, digo, y se ha reído un poco de mi al verme tan pequeña y sin compañía en una cama tan grande, desnuda y desdudada. He dejado que dore mi cuerpo sin adorarlo, que para eso ya estabais anoche tú y tus arañazos de felino hambriento.
Y me he dejado templar en lo cálido de sus abrazos, que temblar ya me hicisteis tú y tus ronroneos antes del juego, cuando sacaste las garras y tu garganta desgarró un rugido que fue respirándome poco a poco hasta las entrañas.
No voy a hablarte ahora de filosofías porque de un tiempo a esta parte las mías son bien baratas, pero qué jodida es la lingüística y cómo cambia la historia a sólo una letra de distancia.
En esas he agachado la cabeza para esconderle los ojos, vidriosos, los restos de rímel por las mejillas y las manchas de agua salada en la almohada (¿por qué no serán dulces mis lágrimas?).  Y ella ha apretado fuerte los dientes para intentar calentarme un poco este estúpido pedazo de hielo y escarcha que llevo cosido al pecho con par y medio de remiendos, y que desde hace tres inviernos hace las veces de corazón.


Me ha besado el llanto esta mañana. Y me ha pedido perdón por salir anoche a pasear y no avisarme de la hora de vuelta. Que dice que olvidó las llaves en casa y por eso me tuvo despierta hasta tan tarde, que mis lágrimas quemaban tanto porque se pasaron con las copas y ya sabemos que el tequila se toma con sal y limón, y aun así, joder, cómo amarga. Es lo que tiene salir a gastos pagados, menos mal que el cheque en blanco lo firmé en cuanto te vi aparecer con tus ojos de mar y tu sed de excesos. Que digo que de saberlo me habría ido de buena gana a hacerles compañia, que las penas con vodka son menos penas y las dudas podrían haberlas hecho cenizas una vez envueltas en papel de fumar. Juro que apenas hubiera necesitado un par de caladas, tal vez tres, para reducirlas a polvo pero tú siempre prefieres que te reduzca a ti, con hambre y sin aliento, y yo no sé negarme a tus ganas de más que también son siempre un poco mías.


Me has mordido las pesadillas esta noche pero no voy a darte las gracias porque, aunque los buenos días, a pesar del viaje, hayan llegado calentitos, eres tú la que trajo los monstruos camuflados entre los versos en asonante. Y es cierto que trajiste otras mil sensaciones con ellos pero nunca me gustó deber nada y menos a ti, que apenas has aprendido a cumplir del todo los tratos y al final nunca sé si yo acabo ganando o perdiendo por mucha tregua que pida. Debería empezar a invertir en comodines porque en el fondo no me importa demasiado y espero que este juego dure mucho tiempo y cada vez dependa menos del azar. Eso sí, aprovecho para decirte que te pienses dos veces si quieres quedarte. Porque si te vas yo no vuelvo.
Es la única vez que voy a pedírtelo directamente. No te vayas. Ya está. Sabes donde está la puerta y no te pilla lejos, y también te he enseñado donde guardo las llaves por si quieres echar la cerradura por dentro y quedarte a matar miedos y a recorrer mis caminos, a ver cómo te muerdo flojito el cuello y salgo a navegar mientras veo el mar asomando a tus ojos, aunque mientras duermes y vigilo tus sueños, como hoy, estuvieran en calma. Recuerdo las tormentas de antes de dormir como el mayor y más bonito de los naufragios y sé que podría capitanear cada noche una embarcación entera aun pecando de irresponsabilidad, pues no deben estar bien vistos los destrozos que provoca mi huracán, pero sí que me atrevo a afirmar que no vas a dejar que vuelvan a clavárseme las astillas.


Me he asomado esta mañana al precipicio de tus sinsentidos, como todos los amaneceres desde que has decidido volver y quedarte no-sé-hasta-cuando, y el pellizco que ha taladrado mi estómago lo he pedido envuelto para desayunármelo por el camino. Ojalá fuera así siempre, despertarme y no verte y saber que has estado, que has sido. Y que se enfade el Sol por tu partida, que ya te guardo yo las formas y le explico que tú querías quedarte, de verdad que querías, pero a veces querer no es suficiente, ¿No era eso?




                                                                         Nunca,
                                                          bajo ningún concepto,
                                                                   sea quien sea
                                                         y prometa lo que prometa,
                                                          dejéis que alguien juegue
                                                                  a salvaros la vida.
                                                                            Jamás.



                                                                                                              Pero, si quieres, me dejo.
                                                                                                   (Pero, la conjugación más puta)


L.H.M

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