jueves, 25 de septiembre de 2014
Cuando la recompensa es un salto al vacío.
Namórate
Ven que te enseño el norte, que hay lugares que llevan tu nombre y jamás has visitado, que hay lugares tan escondidos que hacen creer a cualquiera la ley de la exclusividad, que hay otros tan a la vista que nadie se para a mirarlos, y el cielo se echa a llorar. Yo ya estuve una vez no muy lejos, de pequeña, y después de haber visto amanecer desde la mesa del desayuno me ha quedado claro que estaré de nuevo, pronto.
Tengo que enseñarte las calles que no conozco, las aceras, las catedrales, las rías... Tengo que enseñarte las cosas que no sé y probablemente olvide para repetir cada vez que nos pongamos a ver miles de fotos, y que nos dejemos enseñar, pero de la mano. Necesito que me lleves de la mano porque me da miedo no perderme y tener que volver antes de tiempo, y que me aprietes tan fuerte que seamos capaces de retenerlo.
Tenemos que habitar esta casa, o cualquier otra. Apuesto a que los soleados ventanucos están llenos de historias, y podríamos hacerlas nuestras o pedirlas prestadas o que nos vean ser felices y se lo cuenten a los próximos visitantes. Podemos habitarnos y demostrarnos una vez más que cualquier lugar es casa si eres tú, y la puerta me da igual abierta o cerrada.
Ven que te enseñe el norte. A ti, que haces que lo pierda.
L.H.M
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