jueves, 25 de septiembre de 2014
Sabes las condiciones, no hay letra pequeña.
Fabricar la rutina
no es cosa sencilla,
después de todo.
Se me ha agarrado el verano al pecho y me está anidando un vacío que aprieta más que cualquier soga al cuello. He dejado de mirar las estrellas y eso es algo que no soy capaz de perdonarte, he dejado de pedir deseos porque estás en todos y mi subconsciente te extraña aún más que yo. Incluso he llegado a agradecer las pesadillas.
Ayer me preguntó si las clases de relajación me están ayudando a dormir, y tenías que haberla visto. No sé en que momento aprendí a mentir a esos ojos pero cómo iba a contarle esta historia, cómo.
Así que me limité a sonreír tímidamente mientras volvía al espejo revisando que mis ojeras estuvieran bien cubiertas con los días que me quedan. Y sigo sin encontrar un lugar seguro en el que pasar mis noches, que era, en un resumen algo burdo, de lo que se trataba.
Ahora que no estás odio no haber escrito cuando no dolía, y me echo a temblar ante la posibilidad de que se agoten los recuerdos de los que alimentarme.
L.H.M
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