sábado, 27 de septiembre de 2014
Entre líneas
Sería por tu manera de callarte, o de decirlo todo y a la vez no decir nada en absoluto. Tú.
Tus puntos suspensivos y la sinalefa entre ellos, acompañada por esa sonrisa de cada vez que te quedabas callada y a mí me hacía sentir tan cómoda.
Me recreabas aquella escena de Pulp Fiction en que Uma Thurman le decía a Travolta aquello de "sabes que has encontrado a alguien especial cuando puedes estar callado durante un puto minuto y compartir el silencio". Y lo había encontrado. Te había encontrado y eso solo podía significar que yo empezaría a escribir para que no se ahogasen tus aullidos en la nada, o que mi nada se llenaría de todos los gritos que ignoraba por pura verborrea.
Eso también me gustaba de ti. Tu sutileza. Tu manera de entenderme sin ni siquiera abrir la boca y la capacidad de calmar mi manía de tenerla siempre abierta. Tu manera de enseñarme a soñar sin bostezos y resolver todas las ecuaciones con letras porque los números no se nos dan bien a ninguna de las dos.
Siempre llego tarde, o se me olvida la medida exacta de la distancia prudencial. Los únicos cuartos que controlo son en los que te he tenido en la cama y no se oír hablar de fracciones. Me sobran los segundos de cualquier hora, y los primeros también si en algún lugar vas a estar tú.
Tú. Tus puntos suspensivos y todas las historias que se han escrito sobre ellos.
Aunque se ensucien con palabras.
...
Los míos hoy quieren que te quedes conmigo.
Y creo recordar que el factor de la orden
siempre altera el producto.
L.H.M
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