viernes, 17 de octubre de 2014

Están haciendo un negocio de la poesía



No sé tu color de ojos pero he visto como me miras. No esperaba encontrarte, lo prometo, aunque te habría buscado por todos los bares de la ciudad, por todos los escenarios vacíos de teatro y repletos de muertos en vida, por todos los rincones de las calles mojadas de una lluvia que era un llanto, por todos. Hicimos del adiós un hasta luego, y todavía sigo preguntándome como pude endeudarme en un abrazo.

Me reconoció, y no me conocía. No éramos más que motas de restos de personas de cualquier sábado noche, formando parte de una historia que jamás se contará en los libros.
Hicimos historia en las aceras que nos vieron subir a gritar, quizá demasiado rápido, que tenemos algo que decir. Hicimos historia pero no van a acordarse, y ese es el problema.
Creéis empezar a vivir en la tercera cerveza y no vais a acordaros de los detalles, qué putada.
Tendremos que escribirlos a base de golpes y heridas, a base de sacudidas y de balas y de guerras, quién se apunta.

Me pregunto a cuantos contactos de vuestra agenda llamáis a las cuatro de la madrugada, recién despiertos de una pesadilla (como si la vida misma no lo fuera) con la certeza de que habrá alguien al otro lado del teléfono. Me lo pregunto pero me da igual la respuesta. Vamos a cuidarnos, anda.

Aunque, bueno, que vais a saber vosotros de lazos, si jamás le habéis trenzado el pelo.


L.H.M

No hay comentarios:

Publicar un comentario