jueves, 19 de febrero de 2015
Toda la culpa es del café, que me recuerda a tu sabor
Si no era amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso.
Pensaba que se había acabado y hoy ha vuelto a recordarme que los finales felices no existen, que jamás estaré a su altura por mucho que me baje el listón, que estoy hecha de segundas oportunidades puestas en fila y desaprovechadas una a una.
Puedo defenderme de toda acusación, llevo años entrenando para eso, pero todavía sigo indefensa ante los silencios que me gritas con los ojos llenos de nada. Qué bien sabes apuntar al blanco, tirar donde duele, hundir la flota entera con uno solo de tus "no me pasa nada". Me van a hacer falta un par de domingos de sutura para acabar con la indiferencia que me he ganado a pulso.
Demasiada poca cafeína para todo este insomnio, demasiadas pesadillas acumuladas y demasiados despertadores mal apagados como para volver a llamarte casa tan pronto. Faltan horas de conversaciones en el desayuno o en la merienda y ahora solo me ha quedado ese regusto amargo de los cafés que nos sentaban bien y que, casi, había olvidado.
Solo quería seguir como hasta ahora, mantener el equilibrio, mantenerme estable, mantenernos. Pero llevo las decepciones tatuadas en la piel y cuando empiezan a doler es porque se avecina tormenta.
L.H.M
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