miércoles, 18 de febrero de 2015

Imagíname valiente

         

                                      Escribimos porque somos mas valientes de lo que estamos dispuestos a admitir.

Están bombardeando mi ciudad. Han mandado un telegrama urgente que jamás recibiré porque lo llevas escrito en los lunares de tu espalda. Me ha estallado en la cara una de las bombas que plantamos con rabia y sin querer queriendo en nuestro campo minado de palabras nunca dichas.

Hemos abierto fuego sin sobreaviso y, sin que hayan quedado heridos ni cenizas, cuento las víctimas a pares.

Todos querían ganar esta batalla y ser los más fuertes y los más listos y los que más han querido; pero una guerra nunca tiene vencedores ni aun dándose por vencidos. La guerra es algo que no se gana. Jamás.

Y te despiertas, sintiéndote impar, con un hilo de vida que ya no es rojo ni sostiene a nadie, con un tiritar absurdo que no abriga el invierno, con unas lágrimas que alguien recogió y ahora te sirven como suero y alimento. Y abres los ojos porque ya no tienes venda que los cubra ni que los nuble, y te abres el pecho porque sabes que no quedan donantes dispuestos a arreglarte la ausencia.
A arreglarte la existencia.

Como cuando disparan, y no hay balas, y ni por esas te salvas. Porque por muy hundidas que creamos estar siempre aparecen boyas nuevas que nos sacan a flote, aun sin darnos cuenta, y nos vuelven a descubrir que se puede querer otra vez.


L.H.M

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