viernes, 20 de febrero de 2015

Huída



                                                           Yo aquí he llegado huyendo, o será que estoy de vuelta.

He encontrado una espiral jugueteando al hipnotismo con el tiempo, y mientras yo aquí pidiendo a gritos que no fuera tu nombre el dueño de esos 4:32 minutos de magia jugándome la vida a las incondicionales porque los magos nunca aparecieran.

Habla de arte, y tú celosa de sus ojos, de los míos cuando en algún momento (idiota de mi) pude haberlos buscado. Hablaba de ti y no lo sabe.
Y decía que el arte era sacarse las historias del sombrero y echarlas a volar en treinta y cinco metros cuadrados, pero cuando yo te conocí no le hacían falta esas grandes cristaleras. Te re-conocí, meses más tarde y en el mismo lugar, aunque algo menos libre.
Y es que dime de qué presumes y calla lo que echas en falta. Las alas. Tienes a un ejército siguiéndote los pasos, y aunque les da igual tu nombre, te buscan. Y como no lo saben te llaman.

Estos días no hago más que buscarte en todos los lugares que sé que estás y por eso me duele tanto. Te busco y luego finjo casualidad mientras brindo por los por si acaso, para que no se nos agoten. Y aquí dentro tengo un vacío lleno de ausencia, que lleva una semana de resaca.

Jamás he salido de aquel lugar siendo de día y tampoco sola. Y no sé cuántas gotas fuimos, porque allí siempre nos llovía.

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